10 problemas de estructura que arruinan un guión


En la última semana hemos analizado un par de guiones realmente interesantes (una comedia y un thriller psicológico) pero presentaban algunos problemas de estructura que nos son familiares. Los problemas que afectan a la estructura son, seguramente, el mayor quebradero de cabeza de todo guionista así que vale más tener claro cuáles son los más frecuentes y mantener los ojos bien abiertos:

1. La historia no arranca

Como si se tratara de un disco rayado, el guión da vueltas y vueltas sobre el planteamiento sin atreverse a pasar a la acción. Es un problema típico del primer acto y suele ocurrir cuando la premisa no ha sido suficientemente madurada (ya hablamos en su día de la importancia del logline). La solución pasa por establecer qué elementos deben presentarse en el primer acto, y cuáles pueden ser presentados más adelante (en el segundo acto), una vez que el protagonista esté ya metido en la aventura.

2. La historia arranca, pero luego se pierde

También pasa esto cuando la premisa no ha sido pensaba y diseñada a conciencia. Poco a poco, la historia se nos va de las manos y los personajes “eligen” caminos que no habíamos previsto. No hay nada como parar de escribir y hacer un esquema de la estructura para ver dónde se empiezan a torcer las cosas. Sobre todo hay que saber el porqué se tuercen y nunca forzar las decisiones de los personajes, sino poner señales en su camino que les lleven hasta el final que les hemos preparado.

3. El protagonista no tiene un objetivo claro y concreto

A veces le damos al protagonista un objetivo muy genérico (ser feliz, triunfar, encontrar el amor) porque creemos que así nuestra historia será más trascendente. Pues bien, esto no es así. Tanto el guionista como el espectador necesitan que el protagonista tenga objetivos concretos ya que éstos funcionan por sí mismos como metáforas de las grandes cuestiones humanas. Está bien pensar a lo grande, pero luego encuentra un objetivo concreto (y su conflicto) que sirva de vehículo para esa gran idea.

4. No hay un protagonista definido

Ocurre cuando las acciones y los giros pasan de un personaje a otro haciendo que sea difícil determinar quién está liderando la historia. En los peores casos el protagonista (o el villano) no están presentes en el clímax por lo que algún secundario se encarga de solucionar la papeleta. Elige a un personaje y asegúrate de que toda la historia se articula a través de él, de principio a fin.

5. No hay un punto de no retorno

Una vez que hemos presentado al protagonista y su deseo, debe cruzar un punto de no retorno a partir del cual sus acciones sólo pueden conducirle al éxito o al fracaso. No hay vuelta atrás. No puede volver a su vida anterior sin sufrir las consecuencias. Está ampliamente aceptado que esto debe ocurrir al final del primer acto. Es así.

Si tu guión tiene problemas de estructura, antes o después acabará así.

Si tu guión tiene problemas de estructura, antes o después acabará así.

6. Giros artificiales o inverosímiles

A casi todo el mundo nos fascinan los números de magia, pero si vemos la mano del mago cogiendo la carta que hábilmente tenía escondida, entonces toda la ilusión del truco se va al cuerno. Lo mismo ocurre con algunos guionistas: meten tanto la mano en el guión que acabamos viéndola y eso echa a perder la credibilidad de la historia. Si un personaje está siendo perseguido por un psicópata no tiene sentido que entre en una pastelería a comprar un dulce (por mucho que hayamos mostrado antes que se pirra por los dulces). Las acciones de los personajes deben ajustarse a su realidad emocional para que resulten verosímiles. El guión debe ser coherente consigo mismo.

7. Hay poco en juego

Dos partidas simultáneas de póquer. En una se juegan 20 euros. En la otra 20 millones. ¿Cuál querrías ver? Está claro que cuanto más se juegue el protagonista más interesante será la historia. Pero ojo, no sólo las películas en las que el protagonista puede perder la vida son interesantes. El truco está en que el personaje se juegue algo que tenga un gran significado para él.

8. El conflicto es pobre (y los villanos estúpidos)

Aun cuando el objetivo está bien definido, y lo que está en juego es suficientemente interesante, puede ocurrir que los obstáculos sean muy pequeños. La historia está ganada desde antes de empezar y el conflicto no supone un verdadero reto para el protagonista. El protagonista debe esforzarse para superar conflictos poderosos. A veces también ocurre que el villano es mucho más estúpido que el protagonista. Si se puede predecir quién va a ganar, nadie perderá el tiempo en ver el combate.

9. Lo que resuelve el conflicto no ha sido preparado

Ocurre cuando, por ejemplo, el protagonista está a punto de morir a manos de su oponente y entonces se saca del calcetín un cuchillo y se lo clava en el cuello. Si nunca antes hemos visto ese cuchillo en el calcetín nos sentiremos estafados. Piensa bien el final de tu historia y luego construye el guión para que sea coherente con el final sin que resulte predecible. Ya sabemos que es más fácil decirlo que hacerlo, pero no hay más remedio.

10. Cabos sueltos

Es bastante frustrante cuando sentimos que la historia podía (y debería) terminar de otra manera. Es lo más parecido a un timo. Algunos guionistas dejan cabos sueltos para que la historia vaya por el camino que ellos quieren. Otras veces son simples despistes. Sea como sea, asegúrate de que tu guión llega hasta el clímax porque no había otra solución posible. Si la hay, tienes un cabo suelto y debes revisar el guión para dejarlo bien atado.

Tal vez puedas identificar alguno de estos problemas en tu guión, pero obviamente no son los únicos. ¿Con qué problemas te encuentras más a menudo a la hora de escribir? ¿Cuáles son tus soluciones? ¡Esperamos vuestros comentarios!

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