Cómo presento a mi protagonista


La clave para saber cómo empezar un guion es saber cómo termina. No olvidemos que una película narra el viaje (literal o metafórico) de un protagonista desde una situación A hasta una situación B. Y que ambas situaciones funcionan como un espejo en el que se aprecian las diferencias entre el principio de la historia y el final.

 

De modo que si la situación del protagonista se “arregla” al final de la historia, debemos empezar mostrando esa misma situación cuando está “rota”.

 

La mayoría de las veces, cuando la película arranca, ese elemento “roto” lleva ya algún tiempo así. Puede que el protagonista siempre haya vivido con ese elemento “roto” y que nunca haya tenido la oportunidad, la valentía o la necesidad de arreglarlo (y eso es precisamente lo que narran las películas).

 

Ahora bien ¿cómo presentamos a ese protagonista? ¿Cómo contextualizamos ese elemento que va a cambiar al final de la historia?

 

Lo habitual es que el personaje principal se presente en su rutina diaria, en su “mundo ordinario”. Claro que rutina diaria no es sinónimo de aburrimiento por lo que debemos buscar la manera de que la presentación del personaje llame la atención del espectador.

 

Tendrás mucho terreno ganado si tu protagonista tiene una rutina diaria ya de por si emocionante: puede ser un hacker (Matrix), un policía encubierto (Superdetective en Hollywood), un boxeador (Rocky), el hijo de un mafioso (El Padrino), una astronauta en misión espacial (Gravity), un atracador (Heat), el último superviviente de un comando de boinas verdes (Acorralado)…

 

Si tu protagonista es alguien más “normal”, asegúrate al menos de destacar las cualidades que le hacen único en su profesión. Así lograrás que lo que es “normal” para el protagonista sea especial y/o diferente para nosotros.

 

Un ejemplo que me encanta es el principio de Socios y Sabuesos (Turner & Hooch). Sí, aquella película de Tom Hanks y un perro tiene un guion que funciona como un reloj. La historia arranca mostrándonos directamente la rutina del protagonista antes de acostarse. Con eso nos transmite una única idea (y sin una sola línea de diálogo): es un obseso de la limpieza y el orden (lo cual está directamente relacionado con el final donde el protagonista aprende a vivir con cierto desorden).


Socios y Sabuesos es un buen ejemplo de que en cine, lo «normal» no existe.

 

Si realmente tienes un protagonista que es (digamos) “normal” y que carece de rasgos que le hagan distinguirse de los demás, aún puedes presentarlo de una forma atractiva haciendo que el día en que le conocemos le ocurra algo extraordinario.

 

Es lo que hace James Cameron en Terminator. La protagonista, Sarah Connor, es una camarera cualquiera de un bar cualquiera. Sin embargo, el día en que la conocemos todo parece salirle mal: no da abasto con los pedidos, los clientes se enfadan y un niño le pone una bola de helado en el bolsillo de su uniforme. Lo que podría haber sido una presentación aburrida de una camarera sirviendo mesas y cobrando propinas se convierte en un desafío del que Sarah no sale bien parada (y además empatizamos con ella por lo que tiene que aguantar sin poder mandar a todo el mundo a paseo).

 

De modo que presentar a personajes en su día a día es perfectamente válido, siempre que su día a día sea de por sí emocionante o siempre que ese día en concreto sea un poco diferente (y más emocionante) de lo habitual.

 

Si presentas a tu protagonista en una rutina diaria sin emoción, será porque quieres resaltar que se aburre y que tiene una gran necesidad de tener una experiencia emocionante.

 

Tal es el caso de Michael Douglas en The Game, un tipo que lo tiene todo y que lo que necesita precisamente es aprender a divertirse. Algo parecido le pasa a Joan Wilder (Kathleen Turner), la protagonista de Tras el Corazón Verde (Romancing the Stone) que escribe novelas de aventuras para evadirse de su solitaria y aburrida vida con su gato.

 

Por último cabe mencionar que rutina no es sinónimo de jornada laboral. No es obligatorio presentar al protagonista en el desempeño de su trabajo. El relato puede comenzar con el inicio de unas vacaciones o con una situación que precisamente saca al protagonista de su trabajo, como ocurre en La Ventana Indiscreta (Rear Window) en la que L.B. Jefferies (James Stewart) está postrado en una silla de ruedas tras haberse roto la pierna en el ejercicio de su profesión (reportero gráfico).

 

De modo que si tienes dudas acerca de cómo y dónde presentar a tu protagonista, piensa en el final y averigua qué es lo que va a cambiar en su vida durante el transcurso de la película. Eso es lo que te dará la clave para saber por dónde empezar.

 

Y luego asegúrate de que su presentación sea o parezca especial, interesante o sencillamente diferente.

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