La muerte como ingrediente del drama


De entre todos los ingredientes dramáticos que podemos usar para potenciar el conflicto en nuestro relato, la muerte es, sin ninguna duda, el más empleado. Y seguramente también el más efectivo.

 

No hay historia si no hay conflicto. Y no hay conflicto si no hay obstáculos que superar. Es fácil adivinar entonces que no hay mayor obstáculo que la muerte.

 

Puesto que las películas, las novelas y cualquier relato de ficción no son más que metáforas de nuestra existencia, no hace falta explicar que perder la vida (la propia o la de un ser querido) es una tragedia de enorme trascendencia para cualquier persona, y por ende, para cualquier personaje.

 

A veces no es sólo el protagonista quien está en peligro de muerte, sino un ser querido o un inocente al que deben proteger o salvar. En las películas de superhéroes los protagonistas suelen enfrentarse a dilemas en los que se ven obligados a elegir entre su propia muerte, o la muerte de alguien inocente (lo cual viene a ser lo mismo en su caso).

 

La muerte de Lois Lane en Supermán, es el momento más emotivo y catártico en la vida del superhéroe de la capa roja.

 

 

La muerte del mentor es también otro momento especialmente emotivo para cualquier protagonista de corte heroico ya que desde ese momento el protagonista se encuentra solo ante los peligros y no podrá recibir más ayudas.

 

Y la muerte del villano es, por motivos obvios, el momento culminante que marca el triunfo del protagonista y suele estar cargado de significado cuando el personaje sucumbe no sólo a los ataques del héroe, sino a sus propios demonios (exceso de ambición, egoísmo, megalomanía, odio, etc…).

 

Pero existen otros momentos de muerte que no necesariamente acarrean la pérdida de un personaje de forma explícita. Se trata de muertes simbólicas que marcan el fin de un determinado tipo de personalidad y son muy empleadas en tramas de maduración y transformación.

 

En Pretty Woman, el personaje encarnado por Richard Gere, sufre una muerte simbólica cuando decide cambiar de negocio y se compromete con la construcción de barcos.

 

En el final de Arma Letal, Martin Riggs (Mel Gibson) entrega a su compañero la bala con la que pensaba quitarse la vida, mostrando que ha superado el problema y ha abandonado su personalidad suicida.

 

En una comedia como De boda en boda, no es casual que el momento de muerte se produzca durante un funeral en el que el protagonista se da cuenta de que debe abandonar una actitud egoísta que no le ha traído más que problemas.

 

 

Mención aparte merecen las tragedias donde las muertes (explícitas o simbólicas) representan la destrucción del protagonista.

 

En Seven, Brad Pitt protagoniza una muerte simbólica a raíz de la muerte de su pareja. Cuando descubre que el villano ha matado a su mujer, Pitt pierde el control y le ejecuta a sangre fría. Pero con esa acción cargada de odio no hace más que confirmar la mezquina teoría que su oponente trataba de probar.

 

En El Padrino, la muerte de Don Vito es también la muerte simbólica de Michael como hombre de bien que pretendía mantenerse alejado del mundo del crimen. Suceder a su padre es algo que no entraba en los planes de Michael, pero es lo que finalmente ocurre.

 

A la muerte de Don Vito sólo Michael puede sucederle.

A la muerte de Don Vito sólo Michael puede sucederle.

 

Las muertes falsas son usadas en muchos films para añadir una dosis extra de tensión. Ocurre en las interminables sagas de terror en las que los villanos nunca están realmente muertos, pero también en películas como Tiburón, donde la caza de un escualo menor en la primera mitad del film quiere ser vista como la muerte del gran depredador que atemoriza a los bañistas. Sin embargo el protagonista (y el público) tiene la sensación de que el “villano” no está realmente muerto… aún.

 

Protagonista y público saben que el verdadero «asesino» sigue vivo.

 

La muerte es por tanto un ingrediente muy frecuente en el drama. Ya sea porque afecta al protagonista de forma directa o porque sobreviene de manera simbólica, la muerte crea puntos de inflexión que ponen a los personajes ante situaciones comprometidas y nos dan una idea de cuál es su verdadera personalidad.

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