La vocecita en tu cabeza que te dice «no cuela» 3


En multitud de manuales y seminarios sobre el proceso de escritura se nos habla con frecuencia de uno de los peores enemigos del guionista: su crítico interno. Básicamente se refiere a esa parte de nosotros que nos exige la perfección, que nos empuja a no conformarnos con lo primero que se nos ocurre, que nos machaca hasta que corregimos nuestros errores o hasta que tiramos la toalla y abandonamos la historia. Puede ser algo muy destructivo si nos obsesionamos con ello, pero también puede ser muy negativo si lo ignoramos. Como casi siempre, basta con aplicar un poco de sentido común.

Si ese ego está equilibrado se convertirá en “una vocecita dentro de nuestra cabeza”. No será algo que nos machaque, pero tampoco nos dejará en paz fácilmente. Esa voz es la que te dice que la escena de tu guión en la que pasa esa cosa tan inverosímil, no cuela. Y sin embargo, tendemos a ignorar a la vocecita.

Así esperamos que cuando alguien lea nuestra obra pase por alto esa pequeña suspensión de la credibilidad, ese apaño que hicimos en su momento a pesar de no tener ninguna lógica desde el punto de vista del personaje y de la historia. Efectivamente esperamos que nadie se dé cuenta, que el remiendo quede camuflado entre la excelencia del resto de secuencias y que nunca jamás tengamos que tocar una sola coma porque, al fin y al cabo, si nadie dice que está mal puede que no esté tan mal. Y sin embargo, sabemos que está mal.

Hay que hacerle caso a la vocecita de tu cabeza. No vale ignorarla o esperar a que desaparezca. Ni tan siquiera vale acallarla argumentando que ese bache narrativo da lugar a un punto de giro buenísimo y que, por lo tanto, es necesario que esté ahí. Tú sabes que esto no es cierto. Y tu vocecita es la prueba de ello. Por eso no se va.

Como le ocurre a la protagonista de It Follows, el guionista sabe que la vocecita en su cabeza le perseguirá hasta que se enfrente a ella

Como le ocurre a la protagonista de It Follows, el guionista sabe que la vocecita en su cabeza le perseguirá hasta que se enfrente a ella

 

Para evitar que la vocecita nos hunda la moral podemos hacer varias cosas que dependerán de la situación en la que nos encontremos.

Si escuchas la voz cuando aún estás en una fase primigenia de tu guión (digamos que estás escaletando o diseñando tu historia, o mejor aún, averiguando cuál es la premisa de tu guión) lo mejor que puedes hacer es entrar en detalles. Sé específico, disecciona esa secuencia o ese giro que no resulta creíble y averigua por qué. Cuando estamos en una fase tan temprana de la historia tendemos a trabajar con conceptos muy generales. Lo habitual es escribir algo como “el protagonista está atrapado dentro de su casa, le rodea la policía y está a punto de rendirse, pero encuentra una salida por la parte de atrás”. Ese “encuentra una salida por la parte de atrás” es una generalidad. Y si no lo convertimos en una concreción lo antes posible nos veremos en un aprieto mayor cuando estemos escribiendo la secuencia. Hay que ser específico acerca de cómo el protagonista logra escapar de una casa rodeada por la policía. Hazte un favor y entra en detalles. Sólo así se logra que la escena funcione cuando pasemos de la escaleta al tratamiento (o al propio guión).

Si por el contrario escuchas la voz cuando ya has escrito una versión del guión probablemente sea porque has estado ignorándola todo este tiempo y ahora está gritando tanto que ya no puedes pasar de ella. En este caso no te queda más remedio que ir a esa secuencia que no funciona, analizarla, diseccionarla y por encima de todo, ser honesto contigo mismo. Si no cuela, no cuela. Y no va a colar cambiando una o dos frases del diálogo. Te tocará reescribirla y eso seguramente afectará al resto de tu guión. Tú sabes de sobra porqué no funciona, lo que pasa es que no quieres admitirlo. Es normal. Es el ego que ahora intenta salvar tu dignidad. Pues bien, manda al ego a paseo porque él jamás va a pagar la entrada para ver tu película. Hazle caso a la vocecita en tu cabeza: es más sabia de lo que nos gustaría creer.


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