Las descripciones en el guion (I) 3


Seguramente influenciadas por la literatura, muchas personas se lanzan a escribir sus primeros guiones llenándolos de descripciones donde se detallan desde el tipo de nudo que tiene la corbata que lleva el protagonista, hasta el color del marco del cuadro que cuelga en la pared.

 

Pero guion y novela son dos formatos narrativos con sustanciales diferencias, siendo las descripciones una de las más notorias. A grandes rasgos podemos decir que en guion, cuantas menos descripciones mejor.

 

¿Por qué? Por varias razones.

 

En primer lugar porque (nos guste o no) casi nadie las va a leer.

 

Quien lee un guion generalmente lo hace porque es parte de su trabajo, así que cuanto menos tiempo tarde en leerlo, mejor. Sólo hay dos cosas imprescindibles para seguir el relato: acciones y diálogos. Así que, a menos que las descripciones sean de vital importancia para entender el desarrollo de la trama, lo mejor es omitirlas y limitarse a acciones y diálogos.

 

En segundo lugar porque muchas de esas descripciones suponen una intromisión del guionista en el trabajo de otros departamentos artísticos.

 

Un guionista no debe describir al detalle los decorados por la misma razón por la que un decorador no debe escribir los diálogos. Los actores hacen caso omiso de las acotaciones porque ellos saben cuál es la mejor manera de decir esa frase. Los estilistas ignoran las descripciones de vestuario porque ellos saben qué ropa describe mejor al personaje. Y los directores ignoran las instrucciones de cámara porque ese es su maldito trabajo. A nadie le gusta que se entrometan en su trabajo.

 

No hay que olvidar nunca que una película es el resultado del trabajo de muchas personas. El cine es un arte colaborativo y cada departamento deja su impronta en el resultado final.

 

Por eso el guion no debe ser un manual de instrucciones concisas y escrupulosas, sino la fuente de inspiración que guía el trabajo de los demás.

 

¿Significa esto que debemos omitir todas las descripciones del guion?

 

Por supuesto que no.

 

La clave no está en describir, sino en que la descripción sirva para comunicar algo. No se trata pues de ofrecer una mera descripción física de las cosas; se trata de transmitir una idea.

 

Un ejemplo. En este fragmento del primer capítulo de la serie Breaking Bad se describre por primera vez la casa del protagonista, Walter White (un hombre al que, como más tarde veríamos, la vida no le ha dado excesivas alegrías).

 

fragmento BB

 

Para empezar, la descripción arranca con un chiste relativo a la Casa Blanca (por aquello de que la casa de Walter White también es “White House”). “Ningún presidente ha dormido aquí. Ningún millonario ha estado de visita”. Dos frases que, sin describir nada físicamente, ya dicen mucho.

 

Y finaliza la descripción así: “Arreglos de fin semana han conseguido que la casa luzca pulcra, pero tampoco es que vaya a ser portada de una revista de arquitectura”.

 

En realidad la casa es una casa normal en un barrio modesto, pero la descripción transmite una cierta depresión anímica. Y esa es precisamente la idea que el guionista quiere transmitir en el arranque de la serie: que Walter White es un hombre deprimido.

 

Así pues, los buenos guionistas no se limitan a detallar el aspecto físico de las cosas sino que dan un paso más allá para hacer que las descripciones apuntalen la idea que se quiere transmitir.

 

Pero ¿y qué pasa cuando lo que describimos es un personaje? De eso hablaré en el próximo artículo.


Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

3 Comentarios en “Las descripciones en el guion (I)